Las leches vegetales no son leche, son bebidas vegetales

Con mucha frecuencia oigo comentarios sobre la leche, y la mayor parte de ellos no son positivos: sienta mal, me produce angustia; no me fio de la leche con tanta hormona que puede tener; otros, que no es un alimento para mayores de dos años; que engorda, etc.

Creo que en muchos casos, estos comentarios son fruto de la desinformación nutricional existente, de la excesiva atención a los consejos de personas con tirón social, aunque no sepan lo que están diciendo y también a la presión publicitaria de algunos productos pseudoalimenticios.

Pero todos coinciden, salvo excepciones, en que lo han solucionado bebiendo leche de soja o de avena o de arroz u otra; que por supuesto es mucho más sana cualquiera de estas “leches vegetales” y que desde que no beben leche se sienten mejor. Esto es verdad en algunos casos pero en otros no hay ninguna razón de peso.

Se va extendiendo la creencia de que la leche “normal” es mejor sustituirla por otra leche más ligera, sana y saludable como la leche vegetal.

Creo que es muy bueno conocer los alimentos que tomamos y de entrada, para ello, hay que llamar a cada alimento por su nombre, por lo que es:

Según el Código Alimentario Español (CAE), leche natural es el producto íntegro, no alterado, ni adulterado y sin calostros, del ordeño higiénico, regular, completo e ininterrumpido de las hembras mamíferas domésticas sanas y bien alimentadas.

Única y exclusivamente llamamos leche a la leche natural de vaca; la de cualquier otro animal debe especificarse su origen: leche de cabra, leche de oveja, leche de camella, leche de burra, etc.

Así que según el CAE, la leche vegetal no es leche.

Pero si se puede decir que son bebidas vegetales, bebidas elaboradas a partir de alimentos vegetales variados, de composición nutritiva diferente. Las más comunes son las de cereales, como la avena y el arroz; de legumbres, como la soja, y las de frutos secos, como las almendras, las avellanas.

La denominación legal en los países de la Unión Europea para presentar una bebida de origen vegetal es la etiqueta “bebida de…”, acompañada del nombre del cereal, la legumbre o el fruto seco del que se obtenga.

Así es como encontramos estos productos en el mercado: bebida de soja, bebida de avena, bebida de arroz, etc.

También es necesario destacar que la composición nutritiva de las bebidas vegetales es muy diferente a la de la leche, lo cual se traduce en ventajas e inconvenientes:

La leche se caracteriza por aportar  proteínas de elevado valor biológico (como la caseína). Es rica en hidratos de carbono (lactosa), grasa y son una buena fuente de calcio de fácil asimilación, fósforo, zinc y vitaminas, nutrientes todos ellos muy importantes en las etapas de crecimiento y desarrollo.

Algunas ventajas de las bebidas vegetales desde el punto de vista nutritivo son que carecen de lactosa y caseína, lo que las hace útiles en el tratamiento de intolerancias y alergias alimentarias a esos componentes. Además, no contienen colesterol y su perfil de ácidos grasos es más saludable si se compara con la grasa de la leche de vaca, ya que en las bebidas vegetales abundan los ácidos grasos insaturados, cardiosaludables.

Los inconvenientes están en que las proteínas son de menor valor biológico (carecen de uno o varios aminoácidos esenciales) y que calcio (muy abundante) que contienen es de menor asimilación que el de la leche.

Estas particularidades nutritivas llevan a que en determinados casos, como ocurre con personas que tienen un problema de salud (intolerancia a la lactosa o alergia a las proteínas de la leche), es recomendable utilizar las bebidas vegetales. Pero nunca sustituirán a la leche. Siempre deberán ser complementadas con otros alimentos de la dieta  para conseguir compensar las diferencias nutritivas.

Las personas que no presentan problemas de salud relacionados con la leche, pueden introducir en su dieta la bebida vegetal, para tomarla con el café, el té, elaborar bechamel, purés, etc. Pero deben seguir las recomendaciones diarias de ingesta de lácteos para practicar una dieta saludable: 2-3 raciones/día, salvo en determinadas situaciones fisiológicas como embarazo, lactancia, adolescencia, deportistas y ancianos en las que el consumo recomendado es de 3-4 raciones/día.

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